La piel importa. Importa mucho si el tamaño es lo que importa. Es el órgano más grande del cuerpo.

Vadim Stein - bodies

Fotografía de Vadim Stein

La piel importa. Importa mucho si es una máquina de generar dinero. Que se lo digan a la industria cosmética dedicada a crear miles de productos prometiendo manterla tersa, sin arrugas, con un tono adecuado. Que mueve miles de millones de euros al año haciéndose valer del mantra de la eterna juventud….ommmm, fuera manchas de la piel…ommmmmm en guerra contra las patas de gallo…ommm, un tres en uno – limpiador, serum e hidratante- porque sabemos que eres una persona de éxito a la que le gusta cuidarse pero no dispone de mucho tiempo… y así en un sin parar de ommms hasta que el común de los mortales terminamos con los cajones del tocador llenos a rebosar de envases de todos los tamaños y colores rellenos de potingues que en muchos casos terminarán caducando.

La piel importa, importa mucho porque nos comunica con el mundo exterior y nos protege de él. Actúa como barrera protectora que aísla al organismo del medio que lo rodea, protegiéndolo y contribuyendo a mantener íntegras sus estructuras, al tiempo que actúa como sistema de comunicación con el entorno. Nos permite tocar, nos permite sentir, nos permite tener tacto.

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Fotografía de Chema Madoz

Pero sobre todo, la piel me importa, me importa mucho porque es el órgano de las emociones. Curiosamente es el corazón lo que comúnmente utilizamos los humanos como recurso poético para indicar estados anímicos (al menos en la cultura occidental): tengo el corazón roto, encogido, se me va a salir por la boca…son expresiones que escuchamos a diario. Sin embargo, desde mi punto de vista, la piel es el termómetro emocional más fiable con el que contamos(al menos en mi caso). Cuando la vergüenza me invade me pongo roja. Cuando estoy triste mi piel pierde brillo. Palidezco cuando me asusto. Cuando alguien que me gusta me roza, la piel se eriza y sube de temperatura. Cuando estoy contenta brilla y está tersa. Y cuando estoy triste, enfadada con el mundo o irritada, el enfado y la angustia sale por mi piel manifestándose en forma de ronchas rojas y manchas de colores.

 ¡Qués cosas! La piel, espejo del alma.

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