Lo que voy a escribir a continuación es una obviedad. Pero precisamente por obvio, no suelo pararme a pensar en ello:

Sé que cuando viajo transporto conmigo olores en forma de maleta facturada y equipaje de mano. Sin embargo, no soy consciente de ello hasta que llego a casa y abro la bolsa. Es entonces cuando noto que los aromas del lugar que he visitado siguen ahí. Es curioso, pero también reconozco el olor de mi propio hogar únicamente en ese momento. Sucede justo en el instante de descorrer la cremallera del equipaje, justo cuando los olores que he traído conmigo escapan de las aberturas. Es como si estuviera tan acostumbrada al olor de mi casa que necesito que algo lo invada para notar su presencia. Y he aquí cómo esto engarza con otra obviedad: parece que los humanos necesitáramos alejarnos de algo para tomar conciencia de su existencia.

 

Jugando con esta idea, he querido poner en marcha un pequeño experimento. He formulado una serie de preguntas a amigos, familiares y conocidos que por motivos laborales viven lejos del lugar donde han crecido. Quiero dejar claro que el objetivo de este ejercicio no es sacar conclusión alguna. Lo único que pretendo es ofrecer un hueco donde abrir la puerta a la relación espacio-temporal entre olores y recuerdos.

Preguntas formuladas

  1. Nombre del lugar donde has crecido o aquel que calificas como tu hogar.
  2. Desde donde estás ahora, ¿podrías describir o definir en palabras el olor de tu lugar de origen? ¿crees que la percepción de esos aromas u olores cambiará o cambia cuando regresas/regreses?
  3. Nombre del lugar de residencia actual.
  4. ¿Con qué aromas y olores identificas la ciudad/pueblo/país en el que resides en estos momentos?
  5. ¿Podrías nombrar nuevos olores que hayas descubierto en tu estancia en ese nuevo lugar? Olores cuya existencia desconocías y que de repente han empezado a formar parte de tu “paleta de olfativa”.
  6. Cualquier contribución espontánea que complete tus respuestas será más que bienvenida.

Iré compartiendo en el blog las contribuciones que voy recibiendo. Hoy os dejo las 5 primeras y aquí podréis ver las dos siguientes

Iñaki, Olatz, Iker y Laga (Gamiz ,Vizcaya – Chartollesville, Virginia EEUU)

IKER, 8 años

  • Soy de Gamiz y tiene olor a hierba. Cuando vuelva va a oler igual pero lo voy a sentir diferente. Ahora vivo en Charlottesville (Virginia, EEUU). En la cabeza se me pone una imagen de nuestra casa y debajo otra de hierba; en Charlottesville veo spaguettis haciéndose con tomate. En el viaje descubrí el olor de la lasagna por dentro, que es asqueroso. El olor de chicken patty, parecido a los nuggets es buenísimo. Vainas con patatas. Hay olores que siempre echo de menos porque quiero olerlos todo el rato y sobre todo comerlos: olor de unos coquitos que hicimos en la escuela o a leche condensada cocida que hace la amona.

LAGA, 6 años.

  • Gamiz huele a flores. Cuando vuelva el olor estará cambiado porque las flores estarán podridas. Pero a lo mejor la lavanda de Irene (la vecina) me huele igual. En Charlottesville la gente huele diferente, un poco mal. La comida huele bien, chicken tender, como el pollo pero con más olor. En casa de Roberto había aceitunas con ensalada con verduras que olía bien pero no me gustó. La chimenea huele muy mal.

OLATZ, 43 años.

  • Gamiz huele a hierba recién cortada, no cambiará. Charlottesville lo relaciono con el olor al jabón de manos del señor que nos alquila la casa. Huele a colonia masculina. He descubierto el olor del cilantro y el de un plato que hacen aquí con alubias y carne. También el apio.

IÑAKI, 51 años

  • Desde hace más o menos 8 años, el tiempo que vivo en Gamiz, tengo el olfato muy atrofiado, casi no percibo ningún olor, a no ser que me acerque las cosas a la nariz y me concentre mucho. Ahora mismo el olfato no es significativo para mí. Pero curiosamente, sobre todo por la noche, estando en la cama, a veces percibo olores muy extraños que recuerdan a comida quemada, pero que son inidentificables para mí, totalmente nuevos. Incluso he llegado a levantarme de la cama para ver si nos habíamos dejado algo en el fuego. ¡¡Tienen algo de alucinaciones olfativas!!

 

CARLOS (Utrera, Sevilla – Bruselas, Bélgica)

  • El olor de Utrera se caracteriza por el carácter de sus habitantes: puros, castizos y muy alegres. En su obra, los Hermanos Álvarez Quintero vinieron a decir algo así como: “Utrera, tierra noble y bravía, con más de 150 tabernas y ninguna librería”. Cuando llega la primavera a Utrera, las calles se llenan de naranjos y jazmines que producen una verdadera sensación a lo más parecido que puede ser el paraíso terrenal, siempre y cuando la temperatura se mantenga en torno a los 27 grados en el mes de mayo. Desafortunadamente, no creo que perciba estos olores de manera diferentes cuando vuelva. La vida sigue igual cada vez que regreso. Bruselas me huele a humedad, polucion, y caracter aspero. Aquí he descubierto el olor a “frio polar”. No lo había experimentado antes.

Si queréis compartir vuestra propia experiencia no dudéis en escribirme a info@memimolab.com

Las fotos de este post son de:

  • Chema Madoz
  • Stocksnap
  • Fotos cedidas por los entrevistados
  • Fotos propias de Me Mi Mo Lab.

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