Hoy ha muerto Cohen y en realidad todo debería seguir igual que ayer. Podré escuchar sus canciones cada vez que me dé la gana, como he hecho hasta ahora. Conozco su voz, sus letras, sus melodías. Pero no tengo ni idea de quién fue Leonard más allá de su faceta de músico y poeta. Y sin embargo, su muerte me ha trastocado hasta llorar creyendo que lloraba por Cohen. ¡Pobre ilusa!

En realidad he llorado porque se me ha muerto un poco mi niñez y mi juventud. Mis padres solían “pinchar” discos de Cohen en el tocadistos del salón. Todavía recuerdo perfectamente una de las portadas del vinilo que más sonaba en casa: marrón crema y Leonard Cohen vestido con un traje oscuro tocándose con una mano el cuello de la camisa. “Greatest hits” en letra tipo “Perpetua Timing” (¡Qué ironía!).

También han muerto un poco las noches de copas en casa de amigas recién independizadas que sabían a Suzzane. Y aunque seguimos viéndonos, las copas ahora son de vino y suenan más a “la resaca “ del día siguiente.

Hace poco el artista declaró en una entrevista que estaba preparado para morir. En realidad, poco después de esta afirmación, reculó. Su parte más exagerada, más folclórica, su lado oculto de Pantoja y de Jurado, le jugó una mala pasada. Quería seguir viviendo, al menos hasta los 102 años. Y yo lo suscribo. Quiero que mis padres, mi pareja, mi hermano, mis abuelas, mis amigos, los hijos de mis amigos, yo vivamos 102 años bailando un vals en Viena y en todo el mundo

Hoy he llorado por mí creyendo que lloraba por Cohen.

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