Encontrar casas de perfume de lujo en el que el propietario y el creador sean la misma persona es una misión casi imposible. Dar con “Heeley” es encontrar la aguja en el pajar.

Hace unos días, con motivo de la presentación de su última creación, “Eau Sacrée”, me acerqué a «Le Secret du Marais«, el templo de la perfumería nicho de Madrid. Allí estaba él, con su perfume recién parido, dispuesto a presentarlo en sociedad. Corriendo el riesgo de provocar el efecto Umbral, más conocido como “yo he venido aquí a hablar de mi libro”, quiero compartir en estas líneas aquello que ramificó de la historia principal, la pequeña intrahistoria de la presentación de su perfume:

Durante la hora y media que duró el evento aprendí que James Heeley representa al perfumista en peligro de extinción: es independiente. Estaremos de acuerdo en que en una industria tan complicada y feroz, este concepto significa mucho. Heeley es a la vez la cara y la cruz de la moneda: crea y da la cara. No cualquiera permite firmar a cambio de nada una fragancia con su nombre. Su reputación entra en juego. De hecho, famosas estrellas multimillonarias de Hollywood reciben suculentos cheques por dejar que bauticen un perfume con su nombre y apellido sin ni siquiera haber tenido nada que ver en su creación. James Heeley es todas las cosas: la imagen, el alma y el cerebro de Heeley.

En ese equilibrio entre la libertad y el riesgo que controla este malabarista independiente, James Heeley experimenta tanto como sus propios límites se lo permiten. ¡Punto para él por haberse quitado de encima un séquito de inversores que apremian con plazos y márgenes de beneficio! Incluso, en su labor bicéfala de perfumista y empresario, también encuentra hueco para el mecenazgo de sus propias creaciones. Si considera que para una de sus fragancias es indispensable utilizar una materia prima que dispara el precio final del producto, prefiere financiarlo él mismo que prescindir de su uso. Una de las “confesiones” que más me gustó es su obsesión por la calidad de las materias primas que utiliza para sus composiciones. En sus propias palabras: “si invitas a alguien a cenar a tu casa, te aseguras que los ingredientes que utilizas para cocinar el menú sean deliciosos y los más adecuados para cada receta. Con los perfumes pasa lo mismo: no es lo mismo un Vetiver de Haití que uno de Java”.

James Heeley en Secret du Marais

Su nariz es también una apasionada de las materias primas naturales. Las considera perfumes en sí mismo. Aceites esenciales, extractos o absolutos al igual que los perfumes, son complejos, evolucionan y cambian con el tiempo. Desde su punto de vista tienen tantos matices o más como un perfume compuesto por varias notas sintéticas. En una velada crítica a la restrictiva regulación europea que empuja a los perfumistas a formular con sintéticos, James Heeley, nos presentó su perfume 100% natural “Vetiver Veritas. Toda una delicia para los sentidos compuesto exclusivamente por ingredientes orgánicos.

Entre otras muchas cosas, descubrí a un perfumista que ignora las fronteras impuestas entre perfumes masculinos y femeninos: “no atribuyo género a mis creaciones”. Que rompe moldes proponiendo la combinación de sus esencias”¿por qué no atreverse con dos perfumes a la vez y ver qué pasa?” Que complementa los aromas con texturas: “el pachuli va fenomenal con una bufanda cachemire”. Que cuida cada detalle con mimo: “desde la creación del olor hasta el envase reciclable está diseñado «en casa»”. No me extraña que su pequeña boutique semiescondida de París se encuentre en el “Passage du Desir”. ¿Será fruto del azar o esperó a montar su propia tienda hasta que quedó un local vacío en esa calle?…ya tengo pregunta para un próximo encuentro…

Nota: la imagen de portada es de Bally

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