Nuestra nariz invitada de hoy es I.A. Su escritura es como una marea viva de septiembre: te acerca el mar a la punta de los dedos de los pies y en pocas centésimas de segundo, ya tienes un océano cubriéndote entero. Y sumergido en la masa de agua, te dejas mecer por su resaca. Quiero compartir con todos esta oda al aroma de los mares atlánticos. Tan nuestros, tan suyos, tan míos.
¡Gracias I.A. por este texto tan bonito !

 

Los Mares del Atlántico

Por I.A.

 

Atravieso el país en dirección a la costa, hasta llegar al mar del Norte, pero no lo encuentro.
Está ahí, es el mismo océano, pero ni el color ni el olor me transportan a ese refugio mental que el Cantábrico representa. Cojo un ferry, cruzo el Canal y recorro la costa sur de Inglaterra. Llego a un pequeño pueblo victoriano, con acantilados blancos que delatan la hermanad submarina con Normandía. Callejeo entre sus estrechos pasajes, tuerzo la esquina del pub y aquí está.
De un golpe llega el olor a sal y algas. Un punto agresivo, como el del pescado fresco.
Y este sí es el MAR, así, en mayúsculas.
El Mar Celta como la ladera norte del Cantábrico, convertido este por extraña lógica geográfica en un mar del Sur, mares gemelos en su atlántica bolsa amniótica. El mismo olor, el mismo carácter y el mismo cielo cambiante reflejado en el agua brava, a veces gris, a veces verde, raramente azul intenso. El olor del mar estimula mis conexiones neuronales más profundas: los recuerdos de infancia,  la melancolía del amor pasado, la serena reflexión sobre el que será. Mis ojos agradecen la inmediata sensación de serenidad al posarse sobre el horizonte, sin edificios ni molinos eólicos que interrumpan la mirada. Y por un instante se cierran, cediendo el protagonismo al run run de las olas, tan impresionantemente discreto proveniendo de tan inmenso ser. Miro de nuevo, y veo como el mar respira lentamente, se hincha, se relaja, se descompone en la orilla. Lamo mi antebrazo y sonrío para adentro, recreándome en el sabor de la sal y en el recuerdo de otro cuerpo. Respiro yo ahora, hondo como el mar, y huelo de nuevo. Me concentro en los matices, impregno la memoria con este olor húmedo. Que siga siendo el resorte que desencadena este anhelado vínculo marino una vez regrese, tierra adentro.
 olores de los mares atlánticos
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