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Si pudiéramos olerlo, el espacio olería a estrellas muertas y, aunque nunca digas nunca, es muy probable que ningún humano pueda percibir esta fragancia con su propia nariz. Igual que los sonidos, el vacío y la ausencia de aire impide que las fragancias se expandan en el universo.

Sin embargo, no hay freno que valga para imaginar, reproducir e interpretar esta realidad. ¿Y si pudiéramos esnifar planetas? ¿si pudiérmos bailar a ritmo de música espacial? Tengo la suerte de conocer de cerca dos personas que acaban de lanzar sus propuestas personales en las que interpretan, desde sus respectivas disciplinas, esta paradoja.

Marina Barcenilla, reputada perfumista, astrónoma y astrobióloga, nos invita a reflexionar con Aromatom, un viaje olfativo por el sistema solar, con paradas en la Luna, Marte, Júpiter, los anillos de Saturno y los brazos de la Vía Láctea. Un cruce de conceptos químicos, astronómicos y geológicos que nos ayudan a profundizar en el conocimiento del universo a través de la interpretación del olor de planetas y satélites. Todo un viaje extraterrestre que ya se encuentra en cuenta atrás y que se lanza a órbita en Londres el 6 y el 7 de diciembre con una exposición interactiva en Apiary Studios (458 – 460 Hackney Road).

ice wall saturn

Pablo Chavida, diseñador gráfico, amante de lo electrónico, las estrellas, los ecualizadores y sintetizadores nos deleita con “Sound From Stars”, un proyecto musical personal y experimental que está dando sus primeros pasos. Las pistas de sonido que Pablo crea están inspiradas en su profunda fascinación por la majestuosidad y la inmensidad del universo. Cada creación es un homenaje sonoro a la actualidad espacial. Un ejemplo es su bienvenida a “Oumuamua”. El pasado 19 de octubre, de forma casi fortuita, tenía lugar uno de los descubrimientos más extraños y esperados por la ciencia. El primer objeto interestelar conocido que cruza el sistema solar, acercándose al Sol a una distancia de 37,5 millones de kilómetros y actualmente alejándose a 38km/s. Se conocen aspectos de su forma, peculiarmente alargada, de unos 400 metros de largo y un diámetro de 40 metros. Oumuamua proviene del hawaiano y significa “el mensajero lejano” y puede que su definición no esté muy alejada de la misma realidad ya que la información que podría aportar sobre su origen y procedencia es ilimitada. El único problema: acceder a él teniendo en cuenta la velocidad con la que esta roca misteriosa nos está abandonando. Su trayectoria indica que proviene de la constelación de la Lira, aunque su nacimiento bien podría estar en cualquier remoto punto de la galaxia, ya que lo más probable es que lleve miles de millones de años viajando a la deriva entre sistemas estelares. Para dar la bienvenida a Oumuamua antes de que desaparezca durante eones en la más basta oscuridad, Pablo ha creado una pieza musical a modo de saludo cordial. Podéis escucharla entera en su soundcloud.

¿Nos ayudáis a divulgar estas iniciativas? ¿Qué mejor que acercar al común de los mortales la astrofísica a través de los sentidos con una sesión de baile perfumado y sideral?

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