El 13 de septiembre tuvimos la suerte de celebrar el primer encuentro olfativo de la historia del taller de Me Mi Mo Lab y no pudimos tener mejor despegue que contar con Marina Barcenilla y su proyecto Aromatom. Se trata de un proyecto personal que Marina ha puesto en marcha para divulgar la ciencia y acercar la astrobiología al público general. Un viaje olfativo por el espacio a través de la nariz. Un cruce de conceptos químicos, astronómicos y geológicos que nos ayudan a profundizar en el conocimiento del universo a través de la interpretación del olor de planetas y satélites. Y como de las cosas bonitas, siempre salen cosas bonitas, Cristina, @elteconpajita, plasmó en una poesía todo lo que vivimos en el encuentro con Marina. Aquí os dejo su texto:

¿A qué huele la Luna? Me preguntas mientras grabas tu olor en mi olor desconocido.

La Luna huele a rastro de beligerantes pasados,  a revólver antiguo recién  disparado.  
La Luna huele a vida que fue,  a vida que pudo nunca haber ocurrido,  a gato de Schrodinger despistado.  

Marte huele a polvo enflorado,  a manto de óxido,  a escoba desmotivada.  
Marte huele a copa de balón helada,  a salto temporal.  A mi sueño  de pasar de sólida niña  a vieja gaseaosa; de saltarme el estado de la adultez,  prometida y líquida.
Marte huele a duda razonable: ¿Y si hubo vida en Marte?  ¿Y si nos descubrió,  aburrida en telescopio,  y nuestra sola y pre-primitiva imagen la condenó  a desaparecer?

Jupiter es la gigante posibilidad  de ocurrir 1,000 veces,  de una realidad gaseosa.
Júpiter  huele a sangre,  a presión,  a metal.
Júpiter  huele a jugar a descubrir que en el centro, en su núcleo,  hay una almendra amarga(da),  rodeada de restos de alcohol de una fiesta de gases con venenoso final.

(Metano,  amoniaco,  cianuro,  almendra amarga,  alcohol).  

Júpiter es el infierno cristiano con final feliz, una puesta de largo de tormentas ataviadas con largas nubes de cola.
Las lunas de Júpiter son abnegadas amantes, que de clásicas sólo tienen el nombre: una, por ejemplo, es una fría dama congelada, una mente profunda (Europa).  Otra es una joven isleña, volcánica imparable de batería eterna (Io).
Júpiter huele a baile de auroras boreales sólo aptas para valientes: ¿Vale la pena una vida de infierno a cambio de la instantánea más bella jamás imaginada?

Saturno,  sin embargo,  huele a fórmula, a jardín cuidado,  a metódico aspersor: su olor es el total de danzas necesarias para pasear por todos sus anillos, tan limpios,  tan peligrosos.
Saturno huele a selfie planetario,  con filtro ozono. ¡Saca brillo a tus anillos, mira al sol,  queremos verte!

[Ah,  Urano,  Saturno y Neptuno tienen anillo (ain’t single ladies).]

¿Y si tu perfume  favorito es ir a conocer a tus abuelos al centro de la galaxia,  es saber que todos venimos de la  periferia de un agujero negro?

Somos,  vivimos,  y olemos a cientos de átomos de frutos rojos, a manchas de ron barato en la manicura recién hecha de una hormiga despistada. Olemos a viaje a La Habana de noche, arreglada y despeinada por una tormenta de metal.

El espacio,  descubrí,  huele a efímero astillero y a barbacoa de anteayer.

 

 

 

 

Gracias infinitas a las dos.

Si queréis conocer más sobre el proyecto de Marina, os invito a escuchar la entrevista que le hicieron en el Podcast de 3 Monos. Aquí os dejo el enlace. 

Pin It on Pinterest

Share This