Hace un par de sábados mientras paseaba por la segunda planta del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid algo llamó poderosamente mi atención. En las salas donde se exponen los retratos renacentistas, muchos de los sujetos retratados sostienen un clavel en su mano.  No importa que sean damas o caballeros, de escorzo o de frente todos sujetan con delicadeza la flor cortada.

Autorretrato de Joos Van CLEVE, Colección Thysen

Pensé que si varios pintores reflejaban este elemento en sus cuadros de la misma manera no podía ser una simple casualidad. Todos aquellos discretos claveles tenían que cumplir una función. Igual que el clavel se ha consolidado como símbolo de paz tras la revolución portuguesa que tuvo lugar hace casi ya 45 años, en el Renacimiento debía también servir como símbolo de algo que a mi se me escapaba. Así que en cuanto llegué a casa conecté el ordenador y comencé a indagar. No necesité realizar muchas búsquedas para dar con la respuesta: el clavel por aquella época era el equivalente a nuestro anillo de compromiso. Los pintores del siglo XV y XVI la eligieron como flor predilecta para sus escenas de compromiso y emparejamiento.

Este descubrimiento me ha animado a realizar este post para explicar otras muchas curiosidades que rodean a esta flor. Esta vez las abordaré desde la perspectiva de la perfumería.

Si prestamos atención al origen etimológico de la palabra “clavel”, podemos despejar muchas dudas. Como explican en Blog de Lengua: “clavel”es un catalanismo que está basado en una doble metáfora. En primer lugar, alguien vio una semejanza entre la forma del clavo de clavar y la especia de clavo. Sobre esta primera metáfora visual se construye la siguiente, esta vez por el olfato. Alguien debió de apreciar un cierto parecido entre el olor de la especia y el de la flor y por eso se empezó a utilizar el nombre del uno para la otra.

Su evolución hasta llegar al castellano es la siguiente:

Cat. clavell (‘clavo de clavar’) > cat. clavell (‘clavo de especia’) > cat. clavell (‘flor del clavel) > cast. clavel (‘flor del clavel’)

El por qué es el siguiente: gran parte de la fragancia que desprende el clavel se la debe a una molécula llamada Eugenol, muy presente a su vez en la especia llamada clavo.  El clavel es también una de las notas usadas en perfumería natural. Sin embargo, como le pasa a las flores mudas (aquellas flores a las que resulta imposible extraer su aroma), debido a que la extracción del absoluto o concreto de la flor no consigue una fragancia muy fidedigna a la fuente de origen, es una práctica habitual reconstituir su “olor”. Es decir, conseguir el efecto imaginario de la fragancia de un clavel a partir de nuevos elementos. Podemos realizar nuestro acorde de clavel utilizando:

  • Clavo
  • Alguna flor que le de calidad floral como el Ylang-Ylang y la Rosa
  • Aportarle un toque verde con el Gálbano
  • Un toque picante con la Pimienta
  • Cremosidad con la Vainilla o el Benjuí

Si lo ponéis en práctica, comprobaréis que la reconstitución es una de las formas más interesantes para aprender técnicas de composición.

 

 

 

 

 

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